TODOS CULPABLES EN CEUTA
La página web de
turismo de Ceuta describe que es “una ciudad europea en el continente africano.
Un verdadero crisol de culturas en el que cuatro comunidades religiosas
diferentes (cristianos, musulmanes, hebreos e hindúes) conviven en armonía, lo
que se demuestra en la gran cantidad de monumentos y edificios dedicados a cada
uno de los cultos religiosos” a continuación remarca lo importante que es “conseguir
la unidad, festejando la pluralidad como un beneficio para la ciudadanía”. n
estas pocas líneas queda reflejado perfectamente lo que es Ceuta, un enclave
territorial y antropológico acogedor, sinónimo de concordia.
La crisis por la
que atraviesa la Ciudad es consecuencia de la torpeza de la clase política
española y del oportunismo, bien calculado, de Marruecos. El Gobierno de España
ha estado de vacaciones y su presidente descansando, plácidamente, en la
residencia real de La Mareta en Lanzarote, con toda su corte familiar y fieles
leales, valga la redundancia, bastante numerosa y a la vez muy gastosa. Algunos
ministros han visitado la ciudad, por cierto, con mucha protección policial
ante las increpaciones de los ceutíes. Llegaron, celebraron las protocolarias
reuniones y después de las declaraciones oportunas se fueron raudos de vuelta a
la península. Después de un mes, tras el asueto veraniego, por fin se ha
oficializado un mando único, que lo sustenta un ministro fracasado en su
gestión, tanto en la crisis del Volcán Tajogaite en La Palma, como en la DANA
de Valencia. A lo mejor a la tercera atina o vuelve a descarrilar como de
costumbre.
Todo ha ido a
peor, enquistándose un problema no sólo en el lugar físico, sino en las
repercusiones que están apareciendo en el propio partido que sustenta al
gobierno, parece que miembros del sanchismo empiezan a tener diferencias con el
amado líder supremo, con grietas significativas de dirigentes autonómicos y
locales, que no quedan convencidos de las explicaciones dadas desde la cúpula
partidista, igual que la mayoría de los españoles, que observamos, atónitos,
las distintas versiones de los ministros, culpándose, sin vergüenza, mutuamente,
en cuanto a las actuaciones realizadas para solventar el problema, el número
exacto de menores e inmigrantes que todavía están en la Ciudad o el papelazo
del Centro Nacional de Inteligencia, CNI. Los socios parlamentarios del
gobierno no se quedan atrás, los nacionalistas vascos y catalanes, como
siempre, a lo suyo, a exprimir al Estado todo lo que puedan, aprovechando que
Marruecos pasa por Ceuta, pero eso sí, con dignidad fingida, con criticas
acérrimas al ejecutivo central, porque tampoco se trata de verse involucrados
en un brete que les importa un pimiento. En cuanto a los socios de gobierno,
los comunistas de restar, perdón Sumar, están, pero no aparecen, es decir, a
ellos que no le pregunten, seguro que se encuentran muy ocupados, junto a lo
que subsiste de los morados, poquitos, en preparar alguna flotilla para enviar
por esos azarosos mares, a lugares lejanos para derrochar solidaridad bien
publicitada, que es la bufonada fraternidad en su máxima expresión.
La derecha como nos
tiene acostumbrados, con meras declaraciones cada cual más ingeniosa, que no
sirven sino para gustarse al que las dice, pareciendo todos salidos de una
Escuela Superior de Socarronería, pretendiendo ser astutos y en algunos casos
hasta graciosos, sólo se quedan en la mediocridad del que quiere y no puede,
porque faltan alternativas que contengan propuestas viables, posibles. También
han derrochado visitas, casi todas para exasperar el ambiente, que ya de por sí
está demasiado turbio, llevando más que remedios enfrentamientos, buscando
réditos electorales y no precisamente en beneficio de Ceuta. A fin de cuentas,
estar en la oposición, permite decir muchas simplezas y torpezas, en eso si lo
están haciendo bastante bien.
Este panorama de
España, que puede parecer burlesco, es real, porque es el que se ve
diariamente, se oye continuamente y se sufre. Los actuales políticos han
intentado cambiar la historia y enterrar definitivamente el llamado “Régimen
del 78”, el de la Transición, donde prevaleció el consenso y sobre todo la
concordia. Ahora se está derrumbando, a
cachos, la barbarie del sistema frentista que han creado todos, desde la
izquierda radical a la extrema derecha. Ningún partido político queda absuelto
de culpabilidad, aunque también hay que matizarlo, desde luego unos más
responsables por tener las riendas del poder de la cosa pública y otros penados
por hacer una oposición, por un lado, medrosa y por otro desarbolada.
Oscar Izquierdo
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