QUÉ NO TE MANIPULEN
No hace falta ser
unos sesudos científicos para entender, por la experiencia cotidiana, que vivimos
bajo, llamémosla así, una influencia ideológica llamada con nueva
significación, Nuevo Orden Mundial, NOM,
que omnipresente en todos las actividades humanas, nos quiere dirigir según
unos bien marcados intereses espurios de todo tipo, para convertir la entera
humanidad en un simple rebaño obediente, más bien sumiso, que piense, hable,
haga u omita, según las directrices que marcan desde unos centros de poder
camuflados en instituciones y entidades muy bien disimuladas por su altruismo,
que ya no son los Estados tradicionales sino cenáculos especialmente
financieros, bastantes opacos y demasiado sigilosos. Sus más brillantes
representantes hacia el exterior son la Agenda 2030 y la ONU, el globalismo, calentamiento
del mar, pandemias infecciosas, escasez de agua potable, la ideología de género,
el cambio climático y la inefable progresía bocazas, que es la militancia que
utilizan para trasladar a la cotidianidad sus instrucciones, muy calculadas en
tiempo y forma. Cada cierto lapso se saca un tema a la calle para que estemos
entretenidos durante un intervalo, que ellos estiman oportuno según el caso y
así, mientras se producen acalorados debates, informaciones cansinas y
continuas sobre el particular, en los medios de comunicación social y sobre
todo, en artículos periodísticos, científicos o ensayos, tertulias en televisiones,
radios o redes sociales, esas élites siguen acumulando riqueza a base de
impulsar la pobreza más cruel, generalizada de la población.
En la historia de
la humanidad tenemos ejemplos fehacientes, terribles, odiosos, sobre como una
pequeña selección de personas han intentado, desgraciadamente, lográndolo
muchas veces, no solo gobernar autoritariamente a las polis, sino a las
conciencias de las personas, que es lo más grave, convirtiéndolas en meras receptoras
de mensajes seductores, pero que a su vez son dañinos al máximo de su expresión,
para hacer o deshacer a su gusto y conseguir réditos inconfesables. No es una
teoría conspirativa, es lo que coexiste en cualquier lugar del mundo, aunque su
gran éxito reside precisamente en negar su existencia, descalificando a quienes
la denuncian. Se trata del secretismo absoluto en la toma de decisiones, que
van a tener una influencia directa sobre la población mundial, que precisamente
es lo menos que les preocupa.
Aquí no se
considera sobre su neutralidad política, que no la tiene o que, si seguir sus
bien marcadas directrices es ser de derecha o de izquierda, eso no tiene
enjundia, es accesorio, porque lo verdaderamente importante es ser consciente
de que nos quieren manipular, cual robots, para conseguir beneficios bastardos,
ilegítimos y fraudulentos, que es lo que buscan codiciosamente. La frase
atribuida a Paul Watson, cofundador de Greenpeace, “no importa lo que es
verdad. Sólo cuenta lo que la gente cree que es la verdad”, viene a reflejar
que el relativismo, teoría filosófica que niega el carácter absoluto del
conocimiento al hacerlo depender del sujeto que conoce, se ha convertido en la
religión secular y oficial de este Nuevo Orden Mundial, NOM.
Lo que le importa
a esta progresía, disfrazada de benevolencia, es la mayoría, es decir, contar
con la complicidad del conjunto societario, calladito, ciego, ya domesticado
previamente con mensajes cifrados y debidamente dosificados, además de
repetidos machaconamente en el tiempo, para crear un nuevo orden de ideas que
sean afines a sus pretensiones. La minoría estorba, son los que tienen un
espíritu crítico, los que piensan autónomamente, los que no entran por el aro
ni el arado, los librepensadores, hay que quitarlos donde se encuentren, porque
pueden ser semilla de biempensantes. Esta minoridad también engloba a los que
no tienen capacidad de consumo, ahí aparecen, como la mayor injusticia social,
las hambrunas por muchos sitios del planeta y por supuesto, a los que no tienen
capacidad de producir, es el abandono, triste e inhumano, de los ancianos.
De lo que se trata
es de dar miedo con mensajes apocalípticos, desastrosos y alarmantes, porque
unos ciudadanos imbuidos de temor son una cabrada más fácil de domesticar, ya
que el pánico paraliza, permitiendo así, con total impunidad, hacerse con el
poder global. La escritora británica Virginia Woolf, lo dejó bien claro, en su
conciencia de libertad, “no hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas
imponer a la libertad de mi mente”.
Oscar Izquierdo
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