IMBECILIDAD ARTIFICIAL, IA
En los variados periódicos
generalistas, distintas emisoras de radio, diferentes televisiones, redes
sociales o demás medios de comunicación social a nivel mundial, aparecen
cotidianamente artículos, opiniones, estudios, análisis, sobre la Inteligencia
Artificial, IA, escrutados desde todas las ópticas posibles. Unos mas acertados
que otros, algunos sensacionalistas y varios alarmantes, todo sea por pensar,
hablar o escribir sobre lo que se ha puesto de moda. Su utilización masiva,
para todo, tiene una repercusión nefasta, especialmente contrastable, especialmente
con un aumento significativo de la imbecilidad, entendida en su acepción
literal del Diccionario de la Lengua Española, como cualidad de imbécil, es
decir, tonto o falto de inteligencia. Muchas personas han
dejado de razonar y se han abrazado fervorosamente a este nuevo instrumento
digital, dejando su libertad en manos de algoritmos que sustituyen su
identidad.
En el entorno
político, el abuso en su utilización se aprecia de forma muy acusada, notándose
un montón e incluso oliéndose a distancia, porque muchos de sus representantes
han cambiado, radicalmente, su fisionomía humana por una forma parecida a una pantalla.
También es verdad que la mayoría de los representantes públicos no es que
destaquen por su inteligencia, pero ahora, su bobería aumenta proporcionalmente,
de acuerdo con la utilización masiva que hacen de la Inteligencia Artificial,
IA. Ellos que no estaban acostumbrados a discurrir, ahora han descubierto una
herramienta ideal para enmascarar sus deficiencias, que les vienen de fábrica o
la adquieren, fácilmente, dentro de su partido o ideología querida. Sólo se
ocupan de subir fotos o comentarios en sus redes sociales, prometer para no
cumplir en ruedas de prensa cansinas, asistir a inauguraciones, cuando hay algo
nuevo que, por cierto, tampoco suele ser abundante y ahora en pleno mes de
agosto, asistir al máximo de procesiones, junto a los miembros de las comisiones
de fiestas patronales, en los distintos municipios canarios, porque les encanta, se pirran por desfilar por
las calles de los pueblos o ciudades para que los vean, cual modelos de moda en
una pasarela de París.
Los papanatas, que
también se pueden calificar con la palabra “papafrita”, muy utilizada en
Canarias y que es un americanismo, son aquellas personas simples, crédulas,
demasiado cándidas, fácilmente llevadas al engaño, caracterizadas por ser
ingenuas, bastante obtusas, que están al frente de responsabilidades políticas
que le sobrepasan, por carecer de las correspondientes capacidades académicas,
técnicas o experiencia anterior profesional
suficiente, que les llevan a tomar decisiones, cuando lo hacen, erróneas y
sobre todo perjudiciales para los ciudadanos, aunque se da la paradoja, que
casualidad, que para ellos si son beneficiosas. Con la Inteligencia Artificial,
IA, todo ha cambiado, ya que ahora pueden presumir de lo que no tienen,
utilizándola a mansalva, aunque como decimos por nuestra tierra “les falta una
papita pal kilo”. Será muy difícil revertir la situación y conseguir que alguna
vez piensen, hablen, hagan u omitan con el raciocinio que se les supone y se
espera de ellos y ellas.
Cuando se aparta
lo humano del quehacer personal se entra en el campo peligroso de la quimera,
como aquello posible o verdadero, no siéndolo. Las tecnologías emergentes
impactan directamente sobre el acontecer diario, afectando a todos los
perímetros vivenciales, su potencialidad intrínseca puede tener efectos
malignos o beneficiosos, por lo que habría que incorporar, literalmente, a
estos nuevos mecanismos, la moral en su normatividad y la ética en su
aplicación empírica. Alan Kay, informático estadounidense y premio Turing en
2003 acertó poéticamente, a lo mejor sin querer, al decir que “a algunas
personas les preocupa que la inteligencia artificial nos haga sentir
inferiores, pero cualquier persona en su sano juicio debería tener un complejo
de inferioridad cada vez que mira una flor”.
El progreso de la
humanidad es irreversible, no podemos quedarnos en la nostalgia del pasado
porque inevitablemente hay presente y futuro, es cierto que crea vértigo, pero
hay medicinas que lo curan. Lo más importante, en este momento histórico en que
vivimos, es revitalizar el atractivo por la persona en su máxima dignidad, con ese convencimiento y aplicación concreta
seguiremos concibiendo, provechosamente, la vida.
Oscar Izquierdo
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