La REFLEXIÓN DEL VIERNES de Oscar Izquierdo

DEONTOLOGÍA

Antes de aspirar a un cargo público, la honestidad debería haberse probado y aprobado en el quehacer privado. No basta con proclamar virtudes, es imprescindible haberlas practicado, porque no es lo mismo decir que hacer. Quien administra lo público gestiona sobre todo la confianza recibida, que se construye coherentemente con el comportamiento ordinario hecho vida antes de entrar en la política, que necesita urgentemente personas que hayan demostrado rectitud con su familia, en su trabajo o en la cotidianidad vivida. La integridad previa actúa como garantía mínima frente a la tentación, demasiado frecuente, de olvidarse de los principios del derecho natural. Sin ese crédito moral, el servicio público se puede degradar en interés personal. Exigir una trayectoria ética previa a la entrada en la cosa pública no es elitismo, debería conformar una norma de seguridad democrática, ya que así se establece un estándar exigente que expulsa a los mediocres y admite a los valiosos






 

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